Amazon en su web de Prime Gaming, y Epic, regalan juegos asiduamente. Una vez por semana suelo mirar que regalan, y si veo que podrían encajar en el tipo de juegos que quiero experimentar con Jon, además de reclamarlos, los descargo y marco como favoritos.
Hace unos días me topé con un maravilla llamada: Labyrinth City: Pierre the Maze Detective
Se trata de un juego de laberintos en el cual somos un detective: Pierre, que con la ayuda de nuestra inseparable amiga: Carmen, perseguimos a un ladrón muy malo.
Jon todavía no sabe leer, y aunque supiera, no lo haría a la velocidad requerida para seguir los textos de la historia, que se narra antes de comenzar cada mapa, en formato de comic en voz inglesa y subtítulos en castellano. Así que, con mucho énfasis para darle emoción a la situación, voy narrando la historia con el apoyo visual de las viñetas en el televisor.
En cada mapa hemos de llegar hasta donde se encuentra el malo malvado, y para ello Jon ha aprendido muy bien lo que significa la palabra rodeo.
Hasta ahora solo conocía: atajo, así que en los primeros intentos exclamaba: ¡¡voy a llegar muy rápido, ya verás papa como sí!! Pero rápidamente se dio cuenta de que el camino que parecía más rápido y directo, estaba siempre cortado justo al final del mismo, obligándole a realizar tortuosos rodeos para llegar al destino. Toda una lección de vida, si tienes 30 años o más ?
Y Jon cambió el chip. De la competición de velocidad de una carrera, al pensamiento lógico para hallar el camino que solucionaba el laberinto.
Una de las cosas que trabajo con Jon es la concentración, ya que desde siempre ha estado muy por debajo de lo normal en lo que al tiempo que es capaz de concentrarse en algo se refiere, sobre todo cuando no es algo interactivo.
Si íbamos a un teatro o a un espectáculo, el primer niño en revolverse en su asiento y querer salir de allí era él. ConLabyrinth City: Pierre the Maze detective, Jon ha estado en cada partida más de una hora y en alguna ocasión casi hora y medio concentrado y dándole al coco, hasta que por cansancio mental lo dejaba (ya sabéis padres: el modo Gremlin).
Cada mapa del juego está lleno de detalles, lo que promueve la agudeza visual. Encontrar el rodeo adecuado es todo un desafío cognitivo -para el niño y para el padre-, al que se suman pequeños minijuegos como puede ser un clásico juego de trileros, búsqueda de patrones por colores y números, o un rompecabezas de palancas y poleas entre otros.
Y no es solo, ni mucho menos, resolver el laberinto. En poco tiempo se empieza a disfrutar más del viaje que de alcanzar el destino. Jon es muy competitivo, y hasta la fecha disfruta más del hecho de ganar que de la carrera en si, llegando al punto que si ve que no gana, le deja de interesar el juego.
Pero en el caso de Labyrinth City, en cada mapa existen multitud de objetos y personajes con los que interactuar. Algunos de estos personajes nos contarán historias y pedirán ayuda, la cual les prestaremos resolviendo diferentes pruebas de ingenio. Algunos de los objetos nos darán pistas, o nos desafiarán a encontrar todos los de una misma serie a lo largo del mapa.
Bueno, no me enrollo más. Una imagen vale más que mil palabras, y un video no sé cuanto valdrá más que una imagen, así que aquí tenéis una imagen, y un video.

PD: Al final aunque ya lo tuviera gratis, acabé comprando el juego ¡¡Qué menos por 10 euros !!











